Han pasado 35 años de la etapa más cruenta de la historia argentina: la última dictadura militar. Pero a su vez, también han pasado casi 28 años de vivir en democracia, una democracia joven y que recién comienza a dar sus primeros pasos.
Cada 24 de marzo que pasa, la sociedad argentina apela a la memoria de diferentes maneras, cada fuerza política recuerda de distintos modos aquellos tiempos, cada individuo ejercita su derecho a la memoria de diferente manera.
Ese derecho que hoy tenemos cada uno de los individuos, cada uno de los partidos políticos, y la sociedad Argentina en general, se debe a que se tuvo el valor de arrebatarle la democracia a aquellos que se creían dueños y todopoderosos, aquellos que creían en la violencia, en la tortura y desaparición para los que no pensaran igual; aquellos que creían en la dictadura en vez de creer en la democracia.
A esa democracia, que en muchos casos fue denigrada y hasta manoseada por algunos que no creían en ella, la detestaban, odiaban y tanto le temían, habrá otros que la defenderán y la honrarán, porque de ella se podrá ejercitar el derecho a la libertad y a la lucha por la igualdad de oportunidades.
Fue así que en 1983 los argentinos nos dimos cuenta -de una buena vez-, que con ella se ejercen mejor nuestros derechos y libertades, que podemos pensar y expresar libremente lo que creemos y sentimos, con ella aceptamos y toleramos a los que aman diferente, y si bien tal vez haya quienes descreen de ella, también sabemos que no es perfecta pero si perfectible.
Para los argentinos, principalmente los jóvenes, quedó en el pasado aquella dicotomía entre “DICTADURA O DEMOCRACIA” o esa duda…”qué es preferible la mejor dictadura ante que la peor democracia”…, nosotros no tenemos dudas, ya que no miramos con los ojos del odio y la revancha, sino con una mirada que nos permita construir y avanzar hacia adelante, y no retornar al pasado.
Sabemos que la actual disyuntiva es mirar a la democracia para el futuro, hacia adelante, o bien, ver a la democracia con ojos nostálgicos y de revancha, construir una argentina unidos por denominadores en común o divididos por falsas antinomias que generan crispaciones.
El paso adelante que hubo que dar para sepultar a la dictadura fue el juicio a las Juntas Militares que sentó un doble precedente, por un lado fue y será recordado en el mundo entero como el hito jamás antes visto, hito que trajo justicia y no revancha, pero que además significó para todos los argentinos el ponerle fin a una parte trágica de nuestra historia. NUNCA MAS permitiremos aventuras golpistas, tanto para las fuerzas armadas, como para aquellos sectores corporativos y eclesiásticos que siempre colaboraron con estos.
La democracia del futuro debe ocuparse de las cuentas pendientes ya que las hay y son muchas: la desigualdad social, exclusión social, violencia, drogas, la explotación del hombre por su propio hermano, colonización cultural y esclavitud de un modelo perverso que deja al hombre en una situación de desigualdad e incapacidad para poder autodeterminarse y ser autosuficiente. Este modelo que genera un “ejército clientelar y mano de obra barata y esclava” dependerá de ciertos e inescrupulosos sectores política, como así también empresariales.
Pero fundamentalmente hace falta avanzar hacia adelante, en la búsqueda de todos los hijos/as de desaparecidos por la última dictadura, ya que sus madres y padres biológicos, abuelos y abuelas esperan y ven transcurrir el día, con la esperanza de que alguna vez, en alguna oportunidad, suene la puertas de su casa a la voz de abuelo/a papá o mamá.
La sociedad argentina no puede tener la mirada absorta ante este desafío que nos plantea la democracia del futuro.
Aquellos que no tuvimos padres que militaron y participaron en los tiempos del terror y dolor, aquellos que no sabemos qué es ser padre, no podemos no comprometernos en la lucha por la recuperación de todos los hijos desaparecidos y robados durante la última dictadura militar; debemos recuperar su identidad y su paradero.
Todavía quedan madres como Martha Miravete Cicero, que busca incansablemente el paradero de su hija, en la mirada de algún joven, en la boca, en los ojos, en los gestos de jóvenes que caminan en derredor nuestro, tal vez si n saber su verdadera identidad.
Por eso, los desafíos de la democracia del futuro son: encontrar aquellos hijos/as. A la memoria de los desaparecidos; a la memoria de los familiares aun vivos; a la memoria del pueblo, a memoria de la verdad y a la memoria del NUNCA MAS.
